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Derechos de imagen para modelos en México: guía para firmar sin miedo
Antes de tu primera sesión de fotos, antes de tu primer casting pagado, incluso antes de armar tu book, hay un tema que necesitas dominar: los derechos de imagen. No es el más glamoroso del modelaje, pero sí el que separa a una modelo que construye carrera de una que un día encuentra su cara en un anuncio que nunca autorizó. En México, tu imagen te pertenece. Nadie puede explotarla comercialmente sin tu permiso, y ese permiso —cómo se otorga, qué abarca, cuánto dura y cuánto vale— es exactamente lo que regula un contrato de modelo bien hecho. En esta guía te explicamos, con lenguaje claro y sin tecnicismos innecesarios, qué son los derechos de imagen, cómo funciona una licencia de uso de imagen, qué revisar cláusula por cláusula y qué hacer si alguien usa tu rostro sin consentimiento. Una aclaración honesta desde el inicio: esto es orientación general para que llegues informada a cualquier negociación, no asesoría legal para un caso concreto.
Qué son los derechos de imagen y por qué te pertenecen
Los derechos de imagen son la facultad que tienes de decidir quién puede captar, reproducir y difundir tu apariencia física: tu rostro, tu cuerpo, tu voz cuando te identifica, incluso rasgos que te hacen reconocible. En el mundo del modelaje esto se traduce en algo muy concreto: cada foto de catálogo, cada spot, cada reel donde apareces existe comercialmente porque tú autorizaste ese uso de imagen. Sin tu autorización, la marca no tiene nada que publicar.
Conviene fijar tres ideas desde ahora, porque todo lo demás se construye sobre ellas:
- Tu imagen es tuya siempre. No la vendes nunca, ni siquiera cuando cobras por una campaña. Lo que otorgas es un permiso delimitado —una licencia de imagen— para usos específicos, durante un tiempo específico.
- El permiso no se presume. Que hayas posado no significa que autorizaste todo. Que te pagaran una sesión no significa que la marca pueda usar el material donde quiera y para siempre. Cada uso de imagen necesita estar pactado.
- Todo permiso tiene fronteras. Medios, territorio, duración y finalidad. Un contrato de modelo serio dibuja esas fronteras con precisión; uno malo las deja abiertas, y las fronteras abiertas siempre benefician a quien explota el material, no a quien aparece en él.
Piénsalo con un ejemplo cotidiano. Una marca de retail te contrata para fotos de catálogo en línea. Meses después, esas mismas fotos aparecen en espectaculares de una avenida de Guadalajara y en la publicidad de otra empresa del mismo grupo. ¿Podían hacerlo? Depende de una sola cosa: lo que decía —o no decía— el papel que firmaste. Por eso los derechos de imagen no son un tema para «cuando ya seas famosa»: importan desde tu primer trabajo, porque es en los primeros trabajos donde más se firma sin leer.
Una confusión frecuente que conviene despejar: los derechos de imagen no son lo mismo que los derechos de autor. Los derechos de autor de una fotografía pertenecen, en principio, a quien la crea —el fotógrafo o la productora—; tus derechos de imagen protegen tu presencia dentro de esa fotografía. Para explotar comercialmente una foto donde apareces se necesitan ambas autorizaciones: la del autor sobre su obra y la tuya sobre tu rostro. Por eso un contrato de modelo profesional contempla los dos planos, y por eso puedes oponerte a un uso de imagen no pactado aunque el archivo no te pertenezca.
Lo que dice el derecho mexicano sobre tu imagen
No necesitas ser abogada para entender el marco general, y conocerlo te da seguridad al negociar cualquier licencia de uso de imagen. En términos amplios, el derecho mexicano protege tu imagen desde varios frentes que se complementan:
- La protección constitucional de la vida privada. La Constitución reconoce la protección de la vida privada, el honor y los datos personales. Tu imagen forma parte de esa esfera: es la manifestación visible de tu identidad.
- El derecho a la propia imagen como derecho de la personalidad. La tradición civil mexicana reconoce que la imagen, junto con el honor y la vida privada, es un derecho de la personalidad: te acompaña por el hecho de ser persona, no se puede embargar y no desaparece por firmar un contrato. Distintas leyes federales y legislaciones de las entidades desarrollan esta protección, incluida la regulación del retrato en la normativa de derechos de autor, que en términos generales exige consentimiento para usar el retrato de una persona con fines de lucro.
- La protección de datos personales. Tu imagen, cuando permite identificarte, es también un dato personal, y eso activa otra capa completa de protección que veremos en la siguiente sección.
Aquí una advertencia importante que hacemos a propósito: en esta guía no citamos números de artículos ni fracciones de leyes. Primero, porque las normas se reforman y un número exacto puede quedar desactualizado; segundo, porque para una modelo lo valioso no es memorizar artículos, sino entender la lógica: en México, el uso comercial de tu imagen requiere tu consentimiento, y quien la usa sin él se expone a consecuencias legales. Si algún día enfrentas un conflicto real, ese es el momento de acudir con una abogada o abogado especializado, con tu contrato y tus evidencias en mano.
Lo que sí puedes aplicar desde hoy es la consecuencia práctica de ese marco: cualquier persona o empresa que quiera lucrar con tu imagen debe pedirte permiso, y tú tienes derecho a condicionar ese permiso, a cobrarlo y a delimitarlo. En nuestra página de derechos de imagen puedes ver cómo aplicamos estos principios dentro de la plataforma: qué autorizas al crear tu perfil, qué no autorizas nunca y cómo se pide tu consentimiento para cada uso adicional.
Tu imagen también es un dato personal: la LFPDPPP
Hay una ley que toda modelo mexicana debería conocer por su nombre: la Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de los Particulares, la LFPDPPP. Es la norma que regula cómo las empresas privadas —agencias, marcas, productoras, plataformas— pueden recolectar, usar, almacenar y compartir tus datos personales. ¿Y qué tiene que ver contigo como modelo? Todo, porque tus fotografías y videos, cuando te identifican o te hacen identificable, son datos personales.
En la práctica, esto significa que cualquier empresa que maneje tu imagen y tu información debería:
- Darte un aviso de privacidad claro, donde te explique qué datos recaba, para qué los usa y con quién los comparte.
- Pedir tu consentimiento para los usos que no sean obvios o necesarios para la relación que iniciaron contigo.
- Usar tus datos solo para las finalidades informadas. Si te registraste para castings, tus fotos no deberían terminar en una base de datos que se revende a terceros.
- Respetar tus derechos ARCO: acceso (saber qué datos tienen de ti), rectificación (corregirlos), cancelación (pedir que los eliminen) y oposición (negarte a ciertos usos). Estos derechos se ejercen ante la propia empresa y, si no responde, ante la autoridad competente en materia de protección de datos.
¿Cómo usas esto a tu favor? Muy fácil: antes de subir tus fotos a cualquier plataforma o agencia, busca su aviso de privacidad. Si no existe, si está escondido o si es un texto genérico copiado de otro sitio, ya sabes bastante sobre la seriedad de esa empresa. Nosotros publicamos nuestro aviso de privacidad precisamente para que puedas leer, antes de aplicar, qué hacemos y qué no hacemos con tu información y tu material.
Un matiz que vale la pena entender: la LFPDPPP protege tus datos, y el derecho a la propia imagen protege la explotación de tu apariencia. Son capas distintas que se complementan. La licencia de uso de imagen que firmas con una marca regula el aprovechamiento comercial; la protección de datos regula el tratamiento de tu información. Una modelo informada tiene presente ambas.
El consentimiento por escrito: la regla que lo cambia todo
Si de esta guía te llevas una sola regla, que sea esta: todo consentimiento sobre tu imagen debe constar por escrito. No por desconfianza, sino por claridad. La palabra hablada se olvida, se malinterpreta y, sobre todo, no se puede probar. Un papel —o un correo, o un documento firmado electrónicamente— fija qué autorizaste exactamente.
El consentimiento verbal tiene tres problemas que en el modelaje se pagan caro:
- Es indefinido. «Úsalas para la campaña» no dice en qué medios, ni por cuánto tiempo, ni en qué países. Cada parte recordará la versión que le convenga.
- Es indemostrable. Si mañana la marca usa tu material fuera de lo hablado, tu palabra contra la suya. Sin documento, reclamar se vuelve cuesta arriba.
- Te resta valor. Quien acepta acuerdos de palabra transmite que no conoce el valor de su imagen. Las condiciones por escrito son la marca de una profesional, no un gesto de conflicto.
¿Qué debe contener, como mínimo, un consentimiento escrito sobre derechos de imagen digno de ese nombre? Identificación de las partes, descripción del material (la sesión, la fecha, el proyecto), los usos autorizados, el territorio, la duración, la contraprestación —lo que recibes a cambio— y la firma de ambas partes. Si te presentan una hoja de tres renglones que dice «autorizo el uso de mi imagen» sin más, no estás ante un consentimiento informado: estás ante un cheque en blanco.
Y una situación muy de nuestros tiempos: el consentimiento por mensaje. En México muchísimos acuerdos de trabajo se cierran por WhatsApp, y esos mensajes tienen valor como evidencia de lo pactado. Es mejor un acuerdo claro por mensaje —con usos, tiempo y tarifa detallados— que un apretón de manos. Pero para campañas relevantes, insiste en un documento formal: la marca que te quiere de verdad no tiene problema en firmarlo, porque el contrato también la protege a ella.
La licencia de uso de imagen: las variables que definen todo
Cuando una marca te contrata, lo que adquiere es una licencia de uso de imagen: un permiso delimitado para explotar el material donde apareces. El valor de tu trabajo no depende solo del día de sesión, sino de la amplitud de esa licencia. Dos modelos pueden posar las mismas horas y deber cobrar cantidades muy distintas si una autorizó un catálogo web por seis meses y la otra una campaña nacional multimedios por dos años.
Toda licencia de imagen seria responde estas preguntas:
| Variable | Pregunta que responde | Ejemplos de redacción |
|---|---|---|
| Medios | ¿Dónde se publica el material? | Sitio web propio, redes orgánicas, pauta pagada, TV, espectaculares, punto de venta, empaques |
| Territorio | ¿En qué lugares circula? | Solo México, México y Estados Unidos, Latinoamérica, mundial |
| Duración | ¿Por cuánto tiempo? | 6 meses, 1 año, 2 años, con fecha de inicio y fin |
| Finalidad | ¿Para promocionar qué? | Una línea de producto, una temporada, la marca completa |
| Exclusividad | ¿Qué no puedes hacer tú mientras tanto? | Sin exclusiva, exclusiva de categoría, exclusiva total |
Vamos variable por variable, porque en los detalles vive el dinero:
Medios. No vale lo mismo aparecer en el catálogo interno de una tienda en línea que en la pauta digital de una marca corriendo con presupuesto durante meses, o en televisión abierta, o impresa en espectaculares de CDMX y Monterrey. Cada canal multiplica el alcance de tu imagen y, por lo tanto, su valor comercial. El punto ciego más común es la publicidad pagada: «para redes de la marca» puede significar un post orgánico o un anuncio segmentado que verán millones de personas. Son usos distintos y se cotizan distinto; tu contrato debe nombrar cuál incluye.
Territorio. Una campaña puede vivir solo en México o cruzar fronteras con un clic. Si el uso de imagen pactado es nacional y la marca luego quiere lanzar en otros mercados, eso es una ampliación que se negocia y se paga aparte. Aceptar «territorio mundial» por defecto, sin que el proyecto lo justifique, es regalar valor.
Duración. Toda licencia necesita fecha de caducidad. Al vencer, la marca deja de usar el material o negocia una renovación —y la renovación es un ingreso nuevo para ti, sin volver a posar—. La expresión que debe encender tus alarmas es «a perpetuidad»: una cesión perpetua es la más amplia que existe y jamás debería costar lo mismo que un uso de temporada.
Finalidad. El material se licencia para un fin: promocionar cierto producto o campaña de la marca contratante. Eso cierra la puerta a dos abusos típicos: la reventa del material a terceros y el reciclaje de tus fotos para productos o mensajes que nunca aceptaste asociar con tu cara.
Exclusividad: la cláusula que te limita a ti
Las variables anteriores acotan lo que la marca puede hacer; la exclusividad acota lo que tú puedes hacer. Una cláusula de exclusiva te prohíbe trabajar con competidores mientras dura el acuerdo: si haces campaña para una marca de cosméticos con exclusiva de categoría, no puedes aparecer con otra marca de cosméticos durante ese periodo.
La exclusividad no es abusiva por sí misma —es lógica: ninguna marca quiere compartir rostro con su competencia—, pero tiene un costo real para ti: te cierra ingresos en toda una categoría. Por eso, en cualquier contrato de modelo bien negociado, la exclusiva cumple tres condiciones:
- Categoría definida con precisión. No es lo mismo «belleza» (que abarca desde champú hasta maquillaje) que «labiales». Entre más amplia la categoría, más te limita y más debe costar.
- Plazo claro. La exclusiva termina en una fecha, no «mientras la marca use el material».
- Compensación propia. La exclusividad se paga como concepto adicional a la tarifa de sesión y a la licencia de uso. Una exclusiva amplia, larga y gratuita no es una condición de trabajo: es una pérdida que alguien te está pidiendo firmar.
Si estás empezando y una marca te ofrece su primera campaña con exclusiva, no la rechaces en automático: pregunta categoría, plazo y monto. La respuesta te dirá si estás ante un cliente profesional o ante alguien que espera que no preguntes. Sobre cómo se integran estos conceptos en una cotización completa, te recomendamos nuestra guía de cuánto gana una modelo en México, donde explicamos por qué la licencia pesa tanto como el día de trabajo.
Cómo leer un contrato de modelo sin ser abogada
Un contrato de modelo típico —para campaña, catálogo o evento— no debería intimidarte. Con este checklist puedes revisarlo de forma ordenada. Léelo con calma, de preferencia un día antes y no con el llamado encima:
- Partes. ¿Quién te contrata exactamente? Nombre o razón social identificable, no solo un nombre de pila o una cuenta de Instagram. Si firma una agencia intermediaria, debe quedar claro para qué cliente final es el trabajo.
- Objeto. Qué harás: sesión de fotos, video, evento, media jornada o jornada completa, fecha y lugar.
- Contraprestación. Cuánto te pagan, en qué moneda, con o sin impuestos incluidos, en qué fecha y por qué medio. «Pago contra entrega de factura a 30 días» es normal en México; «te pagamos cuando el cliente nos pague» no es un plazo, es una incógnita.
- Licencia de uso de imagen. Las variables de la sección anterior: medios, territorio, duración, finalidad. Es el corazón del documento; si el contrato no las detalla, pide que se agreguen.
- Exclusividad. Si existe, con categoría, plazo y pago propio. Si no existe, mejor: que el contrato lo diga o simplemente no la mencione.
- Aprobación de material. ¿Tienes derecho a ver la selección final? No siempre se concede, pero preguntar es válido, sobre todo en proyectos de piel sensible como lencería o trajes de baño.
- Crédito. En campañas editoriales o de moda, si te van a etiquetar o acreditar. No aplica en todos los géneros —en e-commerce casi nunca hay crédito— pero conviene saberlo antes.
- Confidencialidad. Común y razonable: no publicar material de la campaña antes del lanzamiento, no revelar condiciones comerciales.
- Revocación y terminación. Qué pasa si alguna parte quiere salir del acuerdo, con qué avisos y consecuencias.
- Jurisdicción. Ante qué tribunales o bajo qué mecanismos se resuelve un conflicto. En contratos mexicanos lo habitual es someterse a tribunales del país.
Tres hábitos de profesional que te van a servir toda la carrera: pide siempre tu copia firmada (un contrato del que no tienes copia es como si no existiera para ti); guarda todo en digital, junto con los correos y mensajes de la negociación; y pregunta antes de firmar, nunca después. Ninguna pregunta hecha con respeto te va a costar un trabajo serio. Lo que sí cuesta caro es firmar rápido.
¿Y si el cliente no ofrece contrato? Propón tú el acuerdo mínimo por escrito: un correo que resuma trabajo, tarifa, usos, territorio y duración, con su confirmación de recibido. No es lo ideal, pero convierte un acuerdo de aire en un acuerdo con evidencia.
Revocar el consentimiento: cambiar de opinión también es un derecho
Hablemos de un escenario incómodo: autorizaste un uso de imagen y después te arrepientes. ¿Se puede revocar el consentimiento? La respuesta corta: sí, el consentimiento sobre derechos de la personalidad no es una renuncia eterna, y en materia de datos personales la ley contempla expresamente la posibilidad de revocarlo. La respuesta completa: revocar tiene consecuencias, y conviene entenderlas antes de necesitarlas.
- En el terreno de datos personales, puedes solicitar a una empresa que deje de tratar tu información —incluidas tus fotos— siguiendo el procedimiento de su aviso de privacidad. Es un derecho que ninguna empresa seria te puede negar de tajo, aunque existen matices cuando hay obligaciones legales o contractuales en curso.
- En el terreno comercial, si una campaña ya se produjo y se pagó con base en tu autorización, retirar tu consentimiento a mitad de la licencia puede generar responsabilidad de tu parte: la marca invirtió confiando en tu firma. Por eso los contratos serios regulan la salida: avisos con anticipación, compensaciones, plazos de retiro del material.
- En la práctica, la revocación es tu herramienta para situaciones que lo ameritan —usos que dañan tu reputación, cambios importantes en tu vida, material que ya no representa quién eres—, no un botón para deshacer cualquier trato que dejó de convenirte.
La lección para el día a día es preventiva: firma licencias con duración definida y no tendrás que pelear revocaciones. Una licencia de imagen que caduca sola es la mejor protección contra el arrepentimiento.
Señales de alerta en un contrato (y fuera de él)
Después de revisar cientos de perfiles y platicar con talento de todo el país, hay patrones que se repiten. Estas señales no siempre significan fraude, pero todas justifican frenar y preguntar:
- «Firma hoy o pierdes el lugar». La urgencia artificial es la táctica número uno para que no leas. Un cliente serio te da tiempo razonable para revisar un contrato de modelo.
- Cesión total, perpetua y mundial en un trabajo pequeño. Una sesión de catálogo no justifica quedarse con tus derechos de imagen para todo uso, en todo el mundo, para siempre.
- Lenguaje deliberadamente confuso. Los contratos legítimos pueden ser técnicos, pero si nadie puede explicarte qué autoriza una cláusula, la cláusula trabaja contra ti.
- Pagos condicionados a pagos. Si para firmar «tu contrato de exclusividad» debes pagar inscripción, book o «gestión de derechos», no estás ante un contrato: estás ante un cobro disfrazado. En esta plataforma lo decimos sin rodeos: aplicar es gratis, siempre, y una agencia seria no te cobra por registrarte. Así lo establece nuestra política antifraude.
- Nadie identificable del otro lado. Razón social inexistente, sin domicilio fiscal, sin historial verificable. Según reportes de prensa especializada, proliferan sitios de casting falsos construidos con inteligencia artificial, con equipos y rosters inventados; ante cualquier duda, revisa nuestra guía sobre estafas de casting y cómo detectarlas.
- Te piden documentos originales. Ningún casting legítimo retiene tu identificación oficial. Copias para el contrato, sí; originales en prenda, jamás.
Una regla mental que resume todo: en un acuerdo sano, tú entiendes qué das, qué recibes y hasta cuándo. Si alguna de las tres respuestas es borrosa, el contrato no está listo para tu firma.
Si usan tu imagen sin permiso: pasos concretos
Descubres tu foto en la publicidad de una empresa con la que nunca firmaste, o ves que una marca sigue usando tu campaña dos años después de vencida la licencia de uso. Respira: tienes opciones, y el orden importa.
- Documenta todo antes que nada. Capturas de pantalla con fecha visible, ligas, fotografías del anuncio físico con referencias del lugar. Si el uso es digital, guarda evidencia hoy: el contenido puede desaparecer mañana.
- Reúne tu expediente. Tu contrato (si existe), los mensajes de la negociación, comprobantes de pago. Tu posición depende de poder mostrar qué se autorizó y qué no.
- Contacta por escrito a la empresa. Muchas veces el uso indebido es descuido de un proveedor y se resuelve con una carta clara: identifica el material, señala que no existe autorización vigente y pide el retiro o una regularización (que puede incluir pago por el uso ya hecho).
- Escala si no hay respuesta. Con tu evidencia, una abogada o abogado puede valorar reclamaciones por daño y por el aprovechamiento comercial de tu imagen; en la vía de datos personales, puedes ejercer tus derechos y acudir a la autoridad competente si la empresa ignora tu solicitud.
- Reporta en las plataformas. Las redes sociales y los marketplaces tienen mecanismos de reporte por uso de imagen no autorizado que funcionan en paralelo a cualquier reclamo legal.
Lo que no te recomendamos: la funa inmediata como primera respuesta. Exhibir el caso en redes puede sentirse justo, pero puede complicar una negociación que iba a resolverse rápido y exponerte a reclamos si algún dato resulta impreciso. Primero evidencia, luego contacto formal, y las redes como último recurso, con asesoría.
Derechos de imagen en la era digital: redes, UGC e inteligencia artificial
El tablero cambió en los últimos años y tus derechos de imagen ahora se juegan también en terrenos nuevos. Tres frentes que toda modelo mexicana debería tener en el radar:
Contenido UGC. Cuando creas videos para marcas como creadora, la licencia importa igual o más que en una campaña tradicional: ¿el video es para el perfil de la marca, para pauta pagada, por cuánto tiempo? El formato es casual; el acuerdo no debería serlo.
Tu propio contenido. Las fotos que subes a tus redes son tuyas, pero cuando una marca quiere repostearlas o usarlas en su publicidad, eso ya es un uso comercial que puedes autorizar, negociar o negar. «¿Nos regalas la foto para nuestro feed?» es una negociación, aunque llegue por DM con emojis.
Inteligencia artificial. La generación de imágenes sintéticas hace más valioso —y más vulnerable— el material real. Desconfía de cualquier «oportunidad» que pida entrenar modelos de IA con tu rostro sin un contrato que delimite ese uso con toda precisión, y de reclutadores que ofrecen pagos por «prestar tu cara» a perfiles digitales. Es un terreno donde la regla del consentimiento informado importa más que nunca.
Para las marcas que nos leen: pedir bien los derechos también es su interés. Una campaña construida sobre licencias claras no se cae por un reclamo. En nuestra página para marcas explicamos cómo trabajamos los permisos de uso del talento en cada booking.
Preguntas frecuentes sobre derechos de imagen
¿Puedo firmar un contrato de modelo si tengo 18 años recién cumplidos?
Sí. A partir de los 18 años tienes plena capacidad legal para firmar contratos y autorizar el uso de tu imagen sin permiso de nadie más. Precisamente por eso conviene que te formes en estos temas desde el inicio: la ley te trata como adulta desde tu primera firma, y nuestra plataforma trabaja únicamente con mujeres mayores de 18 años.
Si me pagaron la sesión, ¿la marca puede usar mis fotos donde quiera?
No. El pago de la sesión cubre tu trabajo del día; los usos del material los define la licencia de uso de imagen pactada. Si no se pactó nada específico, la marca no adquirió automáticamente derechos ilimitados: esa zona gris existe, favorece conflictos y es exactamente lo que un buen contrato evita.
¿Qué pasa con mis derechos de imagen si dejo el modelaje?
Las licencias vigentes siguen su curso hasta su vencimiento: si autorizaste una campaña por un año, ese uso puede continuar aunque te retires. Por eso importa firmar siempre con duración definida. Tus derechos sobre tu imagen, en cambio, te acompañan siempre: retirarte no autoriza a nadie a seguir explotando tu material fuera de lo pactado.
¿Una plataforma de casting adquiere mis derechos de imagen cuando me registro?
No debería, y en nuestro caso no ocurre: al aplicar autorizas únicamente que tu material se muestre a marcas y clientes potenciales dentro de la plataforma para fines de selección. Cualquier uso comercial de tu imagen en una campaña concreta requiere tu consentimiento específico para ese proyecto, con sus propias condiciones. Lee siempre los términos de cualquier plataforma antes de subir tu book: ahí se ve quién respeta tu imagen y quién quiere quedársela.
¿Necesito abogado para cada trabajo?
Para la operación diaria, no: con los criterios de esta guía puedes revisar acuerdos estándar con seguridad. Busca asesoría profesional cuando aparezcan exclusivas amplias, cesiones muy largas, contratos con empresas extranjeras o cualquier conflicto real. Pagar una revisión legal a tiempo cuesta menos que firmar mal.
Tu imagen va a trabajar por ti durante toda tu carrera: en catálogos, en campañas, en pantallas que ni imaginas todavía. Aprender a protegerla no es pesimismo, es profesionalismo puro. Si estás lista para dar el siguiente paso con una plataforma que pone tus derechos de imagen, el consentimiento y la claridad en el centro —y donde registrarte no cuesta un peso—, crea tu perfil hoy en nuestra página de aplicación. Nuestro equipo revisa cada solicitud personalmente, y tu imagen, aquí, solo se mueve cuando tú lo autorizas.